jueves, 26 de julio de 2012

De la conversación

De qué conversarmos. Pues de muchas cosas. Tal repuesta es tan genérica que no responde satisfactoriamente. Pienso que cuando converso tiendo a querer analizar aquello de lo que me hablan y doy una opinión. Esto no es conversar. La esencia de la cualquier conversación es la comunicación. ¿Y qué se puede comunicar para considerar que dos personas están conversando? Será, acaso, el hablar sobre nuestra particular manera de percibir el mundo, de vivenciarlo. En síntesis, tratar de compartir el cómo experimentamos la existencia, quizá con el fin de ser comprendidos. Pienso que muchas de mis conversaciones han sido fallidas, pues rara vez quiero compartir esa experiencia, y me refugio en el comentar la valoración de aquello sobre lo que me hablan. No es que juzgue a la persona, sino, más bien, los hechos que me presenta. Mi proceder puede parecer agresivo, o a lo menos, impertinente, ya que no siempre se busca una opinión, y yo tiendo a darla sin que me la soliciten. Trastorno el sentido de conversar, en lugar del intercambio de experiencias, la comunicación se vuelve unilateral, pues tomo una posición puramente receptora que no comparte nada. Me convierto en una especie de deposito que procesa información, la razona y la expone. Es cierto que mis razonamientos los hago con base a mi experiencia y mis prejuicios, aunque trate de ser lo más objetivo posible, pero con ello no estoy compartiendo mi vivencia, tan sólo un punto de vista. Me falta imaginación, ya que, incluso si no he experimentado una situación o un sentimiento del cuál me hablan, podría emular en mi mente una experiencia similar e imaginar cuál sería la experiencia propia, para, luego, transmitirla a mi interlocutor; nunca como una sentencia, no es el caso decir así se debería de actuar, es fácil caer en este error si se imagina lo ideal, cosa en la que estarían interviniendo nuestros prejuicios; lo ideal sería imaginar qué pasaría con uno al experimentar determinada situación o sentimiento, cómo nos transformaría dicha vivencia, es algo que requerirá mayor esfuerzo, y no pasará de ser una mera especulación; sin embargo sería más interesante y daría un aporte más significativo a ambos interlocutores.

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