miércoles, 25 de julio de 2012

I

Algunas personas tienen la idea de que estudié música. A mí me hubiese gustado haberlo hecho. Será que siempre me veían con mi guitarra lo que les indujo a pensarlo. La verdad, yo aprendí por mi cuenta a tocar ese instrumento de cuerdas; después tuve la oportunidad de tomar algunas clases que me guiaron en cuanto a mejorar la técnica.
     Es curioso cómo llegué a tomar aprecio a tan singular instrumento. Cuando yo era pequeño, mi ilusión era tocar el piano. En mi casa llegamos a tener un tecladito que fomentaba esa ilusión, pero hasta ahí; tener un piano era algo inaccesible. Alguna vez fui a clases de piano en una escuela que impartía diversos talleres; no recuerdo con certeza, pero me parece que sólo duraron un mes. Despidieron a mi maestro. Decían que era muy informal. A mí me parecía un sujeto agradable. Como aún seguía inscrito, me ofrecieron la opción de incorporarme al curso de guitarra. Con la desilusión reciente, no tuve disposición para aceptar y rechazé la oferta; no regresé más. Lo poquito que aprendí, a veces, lo praticaba en el tecladito. Poco a poco se fue apagando mi deseo y el tecladito se fue empolvando.
     En mi casa siempre hubo una guitarra, era de mi padre, me agradaba cuando la tomaba y se ponía a cantar, pero nunca incitó mi interés por ella. No la consideraba capaz de alcanzar la sublimidad del piano (claro, nunca había escuchado música clásica para guitarra), mi padre sólo sabía algunos cuantos acordes y rasgueos, y para mí que hasta cantaba bien, aun así no me sentía atraído; todavía. Pasaron los años. En mi adolescencia, cuando cursaba la preparatoria, me reunía con los amigos para pasar el rato; en alguna de esas reuniones llegaba a estar alguien que tocaba la guitarra, yo observaba como al acompañarse de ésta y cantar canciones, el momento se amenisaba, todos le seguiamos (cuando nos sabiamos la letra) y era agradable eso que llamanban la bohemia. Comencé a comprender la magia de ese instrumento musical. Tuvo mucho que ver la edad, pienso ahora; yo comenzaba a tener otra mentalidad, y otro sentir. Yo era algo romántico y, sin saberlo aún, traía en mí el germen del bohemio, del trovador.
     Un día tomé la guitarra de mi padre, fue un fracaso, no logré entonar un solo acorde; teníamos un montón de los llamados cancioneros de Guitarra fácil, sin embargo fácil no fue, mis dedos rozaban otras cuerdas, las apagaban, no pisaba en los trastes indicados con suficiente presión, mis dedos quedaban adoloridos y marcados. Terminé por abdicar. Pensaba, esto no es para mí. Pasaban los días, y yo la miraba ahí, en el rincón donde la había dejado, a veces la miraba con indiferencia, otras con cierta contemplación; y recordaba la bohemia. En ocasiones, tuve la impresión de que ejercía cierta seducción sobre mí. Después de un par de semanas la tomé nuevamente, ensayé aquellos acordes primeros, básicos y sencillos. ¡Oh prodigio, sonaron armoniosamente al primer intento! Entusiasmado pasé toda la noche con ella. Se me dificultaba cantar y tocar, además tenía que ver constantemente como colocar los dedos de manera correcta, no obstante eso no me detuvo, así pasé una semana. Luego probé usar acordes más complicados, aquellos que llevan cejilla. La mano se me entumía en un par de segundos al tratar de mantener la posición, a pesar de mis varios intentos nada salió bien. Me desesperé. En contraste con aquél entusiasmo, me invadió un desencanto. Volví a abdicar. Pensaba, mis manos no pueden con esto. Pasó un mes. Ya no recuerdo que hubo en el transcurso de ese mes, sólo sé que regresé a ella cuando se cumplió. Y sí, se repitió el prodigio. De ahí en adelante, cada noche, practicaba. No volví a abandonarla. A veces me vendaba los ojos, quería acostumbrarme a reconocer una mala colocación de los dedos por el sonido, así, poco a poco, logré dominar diversos acordes; también empecé a cordinar el acompañamiento con el canto, cantaba bajito para no despertar a nadie (no recuerdo si fue efectivo), me aprendí muchas canciones que lamentablemente ahora apenas recuerdo. Llegue a tener mi propia guitarra, con ella, comencé a sentirme atraído por los arpegios que escuchaba en algunas canciones, conocí las piezas clásicas que se ejecutaban con guitarra, sentí gran emoción cuando pude ejecutar una de ellas por primera vez. Desde entonces se ha vuelto mi compañera fiel.

2 comentarios:

  1. Me gustó mucho saber cómo es que la música ha estado presente en tu vida, desde joven. No es tarde para aprender a tocar piano, es más, deberíamos ir juntos a clases, jeje. Abrazos.

    P.D. Soy Susana.

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    1. Muchas gracias Sux, por tu comentario. Y también agradezco el apoyo. Saludos y un abrazote.

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