Ya
empiezan a encenderse algunos foquillos de las casas vecinas; está oscureciéndose
poco a poco. Me gustaría poder ver las montañas del horizonte, mas no puedo,
está nublado. Me agrada observar esas montañas en ese momento en que se transita del día a la noche.
Ya está, ha oscurecido completamente. También yo he encendido una lámpara. A veces contemplo las casas vecinas, con sus foquillos; me pregunto qué pasará allá adentro. ¿Tendrá lugar algún drama interesante o sólo pasará el tiempo impregnado de la más abyecta monotonía? He conocido familias que así es su día a día, sumidos en la rutina. Se ven satisfechos. No juzgo esto. La rutina, pienso, en algún momento nos atrapa a todos. En ocasiones es buena, sin embargo, me parece, no debería prolongarse. De suceder, nos consumirá, nos convertirá en autómatas.
Ya está, ha oscurecido completamente. También yo he encendido una lámpara. A veces contemplo las casas vecinas, con sus foquillos; me pregunto qué pasará allá adentro. ¿Tendrá lugar algún drama interesante o sólo pasará el tiempo impregnado de la más abyecta monotonía? He conocido familias que así es su día a día, sumidos en la rutina. Se ven satisfechos. No juzgo esto. La rutina, pienso, en algún momento nos atrapa a todos. En ocasiones es buena, sin embargo, me parece, no debería prolongarse. De suceder, nos consumirá, nos convertirá en autómatas.
Desde
hace un tiempo me he dado cuenta de que no estoy acostumbrado a someterme a
ningún tipo de norma; me rebelo incluso a aquellas que son sensatas si las
considero una imposición, así sea ésta última circunstancial. Esto me ocasiona
una conducta, muchas veces, indisciplinada e irresponsable. Identifico la
causa, no por complacerme en una justificación, sino por entender el origen
del defecto y corregirlo, identifico, decía, la causa en que mis padres, sin
percatarse de las consecuencias que ello podría desencadenar, me indujeron a
sublevarme, a desafiar su autoridad; yo me sentía humillado, acobardado por la
forma en que me imponían sus mandatos, sus regaños, sus castigos, (no los
culpo, antes lo hacía, ahora no les guardo rencor, pero no puedo negar que
aquello me hirió y dejó una marca que duró mucho tiempo), y no podía soportar
sentirme así, inyectado mi espíritu de miedo y encono. Me gustaría poder haber
estado ahí y decirme: no tengas miedo no
saben lo que hacen, mantente estoico, no te quebrantes. Pero algo en mí se
quebró y no he vuelto a unir las piezas. Quedé fragmentado. No puedo darme por
vencido, no, no ahora que lo sé, sigo en pedacitos; debo seguir intentado. Debo
reconstruirme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario